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Ediciòn 285

EDITORIAL

La gran mascarada

 

DESPU√ČS DE LA PRIMERA concertacesi√≥n que permiti√≥ al Partido Acci√≥n Nacional (PAN) alzarse con la gobernaci√≥n de Baja California en 1989, en las primeras elecciones subsiguientes los indignados priistas de aquella entidad crearon el Tucan (Todos unidos contra Acci√≥n Nacional). En 2009, los priistas mexiquense, interesados en la candidatura presidencial, pactaron el Tucam (Todos unidos contra Madrazo.)

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PARA 2012, los diversos protagonistas de la sucesión presidencial -partidos, candidatos, autoridades electorales, y francotiradores anulistas del voto- parecen haberse confabulado en el Tecad (Todos unidos contra la democracia.)

De entrada hay que decir, con base en nuestros registros diarios,¬† que no encontramos a un actor principal en ese proceso -uno solo- que, a la primera provocaci√≥n medi√°tica, no de fe de su vocaci√≥n ‚Äúdemocr√°tica‚ÄĚ, as√≠ no conozca ni por las solapas de sus libros a los cl√°sicos griegos, a Lincoln, a Duverger o Sartori; ni siquiera los textos del maestro Reyes Heroles. Est√° comprobado, cient√≠ficamente, por sus propias palabras: Leer libros les da una gran pereza mental. Por eso, no son capaces de construir una conceptualizaci√≥n ret√≥rica: una sola.

Cuando aspirantes a la primera magistratura de M√©xico fueron puestos en rid√≠culo por quienes se interesaron en saber cu√°les¬† eran los libros, cuya lectura ha influido en su formaci√≥n personal o pol√≠tica, el extinto Carlos Fuentes concluy√≥: No hay que pedirles mucho: √önicamente que conozcan un libro -uno solo: La Constituci√≥n de la Rep√ļblica.

Reduciendo esa juiciosa recomendaci√≥n de Fuentes a un solo art√≠culo de la Constituci√≥n -el Tercero-, la clave permitir√≠a saber que, de acuerdo con nuestra doctrina constitucional, quien sea el pr√≥ximo Presidente de M√©xico debiera entender la democracia, ‚Äúno solamente como una estructura jur√≠dica y un r√©gimen pol√≠tico, sino como un sistema de vida fundado en el constante mejoramiento econ√≥mico, social y cultural del pueblo‚ÄĚ. Pero exigir tan elemental y a la vez tan imperativa lectura a los candidatos, partidos y autoridades electorales, equivale a pedir peras al olmo.

Debido a eso, no sorprende que el Presidente entienda como democracia ofrecer a los j√≥venes dinero para computadoras y suscripci√≥n a la red; que la cat√≥lica candidata de su partido sonsaque a las mujeres a que condicionen a sus maridos el deliquio carnal¬† -cuchi cuchi, le llama- a la emisi√≥n del voto, y otro candidato prometa vales para medicinas, en vez de anunciar como estadista el gran proyecto de una industria farmac√©utica que resuelva el problema de abasto a las instituciones p√ļblicas de salud, que tanto requieren cientos de miles de angustiados pacientes. Ahora, la ‚Äúingeniosa‚ÄĚ treta: El comercio organizado ofrece descuentos a quienes asistan a sus tiendas con la prueba en el pulgar de que ya votaron.

De ‚Äúdemocracia‚ÄĚ es el choro de moda, y el coordinador de los consejeros electorales es obligado a comparecer ante asamblea nacional convocada para asuntos de orden policiaco o a encerronas secretas -privadas, dicen los boletines- en Los Pinos, o pacta convenios con los magistrados electorales para evitar que, ahora si, no haya fraude. Como si el cumplimiento de la Constituci√≥n y las leyes estuviera sujeto a transas administrativas,¬† a pactos de civilidad o a exigencias de capitostes del sector empresarial marcados, al menos, por evasi√≥n o reg√≠menes fiscales especiales anticonstitucionales.

En tanto, hasta dos decenas de detentadores de deslumbrantes membretes -algunos con denominaci√≥n en ingl√©s, aunque tengan su domicilio en la Huasteca hidalguense- piden su registro en el Instituto Federal Electoral para sentirse autorizados a hacer encuestas a boca de urna el 1 de julio. ¬ŅCon que objeto, aparte del l√°piz encuestador?

Dos¬† millones de mexicanos, dice la coartada democr√°tica, sancionar√°n con sus firmas el resultado de la elecci√≥n presidencial. Dos millones de operarios, es un n√ļmero mayor al de los votos que en 2006 obtuvieron partidos de la chiquillada. El asunto, sin embargo, no es de aritm√©tica: La capacitaci√≥n de esos buenos mexicanos no pas√≥ por la prueba¬† del pol√≠grafo. ‚ÄúAh√≠ est√° el detalle‚ÄĚ (Cantinflas dixit.)

 



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