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En el país de las ejecuciones
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Edición 327

SemioferaPolítica

 

Corona

 

En un pa√≠s como el nuestro es ya a√Īeja, yo dir√≠a algo m√°s que  vetusta, la demanda en pro de la justicia. Por ello, desde hace algunos ayeres han surgido variopintos movimientos en favor de la paz, organismos ciudadanos que luchan en aras de la justicia, componentes indisolubles de un pa√≠s que se precie de ser democr√°tico.

 

Juicios y ejecuciones sumariasSin embargo, a esta leg√≠tima demanda por parte de  la ciudadan√≠a, se han venido sumando otras m√°s, todas ellas que buscan hacer de este nuestro M√©xico, un pa√≠s en donde los derechos humanos sean letra viva, y no una mera bandera pol√≠tica de grupos e individuos que buscan seguir ascendiendo en los escalones del poder, o de aquellos que quieren seguir abrevando de los presupuestos de instituciones u organismos que se vanaglorian de servir a los mexicanos.

En las √ļltimas semanas todos hemos sido testigos de las flagrantes violaciones a las garant√≠as individuales de muchos conciudadanos. Los medios de comunicaci√≥n han divulgado como, desde las m√°s diversas instancias p√ļblicas encargadas de salvaguardar  la seguridad ciudadana, se han violentando abiertamente los derechos humanos de los habitantes de diversos  estados de la Rep√ļblica.

Son varios los cruentos ejemplos en los que las instituciones defensoras de los derechos humanos poco, o nada, han hecho por patentizar su respaldo a los familiares de aquellas personas que fallecieron a manos, en este caso de efectivos del Ejército Mexicano.

Aludo particularmente al muy penoso suceso de la matanza de decenas de personas en Tlatlaya, estado de México.

Siguiendo instrucciones

Ejecuci√≥nEn este lamentable acontecimiento sucedido el pasado 30 de junio, el todav√≠a titular de la CNDH, Ra√ļl Plascencia Villanueva se aboc√≥ a defender la que fue la primera versi√≥n oficial. Inicialmente el ombudsman nacional se√Īal√≥ que la indagatoria en torno a los 22 decesos de Tlataya se tardar√≠a varias semanas en hacerse, pero a pesar de su dicho en buena medida, sus razonamientos se plegaron a lo que se√Īalaban las instancias gubernamentales.

De la misma manera, Plascencia Villanueva; quien ahora busca que se le prorrogue su estadía al frente de la CNDH; había adelantado que los sucesos se limitaban a un mero enfrentamiento entre presuntos delincuentes y efectivos del ejército mexicano.

Esta actuaci√≥n por parte del ombudsman mexicano, nos dej√≥ con un amargo sabor de boca a todos los ciudadanos que ilusamente pens√°bamos que la defensor√≠a de los derechos humanos; a manos de la citada comisi√≥n nacional, pod√≠a efectivamente cumplir con las disposiciones para las que fue creada en el ya lejano a√Īo de 1990.

Esta versi√≥n pro oficialista, se reprodujo con los dichos del ejecutivo mexiquense Eruviel √Āvila, quien en su momento horas despu√©s de este tr√°gico suceso ensalz√≥ la actuaci√≥n del Ej√©rcito Mexicano, se√Īalando que sus efectivos hab√≠an rescatado a varias personas secuestradas e incluso, que hab√≠an actuado en leg√≠tima defensa al abatir a los que √©l llam√≥ delincuentes.

Estas versiones oficialistas habrían permanecido incólumes si no es por la insistencia de diversos medios de comunicación que prosiguieron sus indagatorias periodísticas. Investigaciones en torno a lo que, de manera inicial habría sido un simple enfrentamiento más, una escaramuza entre las fuerzas del orden y un presunto grupo de delincuentes.

Intervención de los medios

Algo que parec√≠a sepultado en el pasadoSin embargo, habr√° que reconocer que fue gracias a la terquedad, que todo buen periodista que se precie de serlo debe tener, que un par de medios informativos, uno extranjero y otro nacional, lograron  que  el burdo montaje esc√©nico, as√≠ como la ama√Īada versi√≥n oficialista terminaran por desplomarse.

Ante la presi√≥n incluso del gobierno estadounidense para que su hom√≥logo mexicano aclarara fehacientemente los hechos, a la que se sum√≥ la opini√≥n p√ļblica de nuestro pa√≠s, al gobierno de Pe√Īa Nieto no le qued√≥ nada m√°s que tomar cartas en el asunto.

A riesgo de que, al ahondar que en las indagatorias, se lastimaran las sensibles fibras del medio castrense mexicano.

Por ello, hemos sido testigos de que el propio titular de la Procuradur√≠a General de la Rep√ļblica, Jes√ļs Murillo Karam, ha tenido que salir a dar la cara y reconocer que el pasado 30 de junio en la comunidad  de San Pedro Lim√≥n en el municipio mexiquense de Tlataya, ocho efectivos militares se vieron involucrados en la matanza de 22 personas.

Murillo Karam declaró que la PGR encontró varias inconsistencias en los hechos, es decir, a su manera, acabó por reforzar la hipótesis de que el ejército había realizado un montaje para justificar el ajusticiamiento que hicieron de esos presuntos delincuentes, un oficial y algunos miembros de la tropa a su cargo.

Cuán lamentable resulta el hecho de que esa instancia castrense haya intentado presentar ese suceso como una acción legal y legítima en aras de proteger a la ciudadanía, cuando en la realidad era un burdo y cruento ajusticiamiento de un grupo de personas a las que se presumió delincuentes.

Esta torpe mara√Īa de encubrimientos se empez√≥ a despejar cuando la PGR formaliz√≥ la acusaci√≥n de homicidio a tres de los ocho militares que fueron acusados de los sucesos de Tlataya. Cabe puntualizar que, tambi√©n a esos ocho efectivos, se les va a enjuiciar por las instancias correspondientes al fuero castrense.

Graves cargos

En este rengl√≥n a estos militares se les dict√≥ formal prisi√≥n por delitos contra la disciplina militar, desobediencia, infracci√≥n de deberes por parte del oficial a cargo, en este caso un teniente. A la par de lo anterior, a  los elementos de tropa se les inculp√≥ de infracci√≥n de deberes.

Todos ellos son, sin duda, cargos sumamente graves que de nueva cuenta ponen al ej√©rcito mexicano en el ojo de la opini√≥n p√ļblica. Esto a pesar de los intentos por parte del titular de la SEGOB, Miguel √Āngel Osorio Chong, de se√Īalar  en su comparecencia ante  los diputados que los acontecimientos de Tlatlaya hab√≠an sido meros hechos aislados.

Flaco favor a la justicia y al respeto a los derechos humanos hizo el funcionario encargado de la pol√≠tica interior. √Čl y otros voceros oficiosos del gobierno federal no hicieron sino incrementar la desconfianza ciudadana en las instituciones gubernamentales, fuerzas armadas incluidas, y en dependencias que se supon√≠an ajenas a la √©gida del poder como la pol√©mica CNDH.

En síntesis, hablamos de un muy negro suceso que marcó una ejecución sumaria de un grupo de personas y, lo que resulta peor, es que de no impartirse cabal justicia, estaríamos ante una especie de escuadrones de la muerte, casos de tan triste memoria en el Cono Sur de nuestro continente.

Por tanto cabría preguntarse si, de aquí en adelante, habitaremos una nación en donde este tipo de prácticas de juicios sumarísimos serán la norma a través de la cual se apliquen normas meta legales, cual violencia de Estado, abiertamente violatoria de los inalienables derechos humanos.

 

Damos la bienvenida a nuestras p√°ginas al Mtro. Miguel √Āngel Corona Ayala,
Licenciado en Comunicación Social, por la Universidad Autónoma Metropolitana.
Maestro en Dirección Empresarial por la Universidad del Tepeyac, México, D.F.
Diplomado en Identidad y Misión Universitaria por la Universidad Anáhuac, entre otras cosas.



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