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Edición 405

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APUNTE

México: el modelo, empresarios y las calificadoras

Jorge Guillermo Cano

Y están enojados

SIN SOMBRA de duda, el modelo que sigue vigente (cuya permanencia creen ver en riesgo los confederados patronales) ha ensanchado la brecha entre las minorías privilegiadas (que concentran la riqueza, e incluso en situación de crisis obtienen beneficios), y las mayorías cada vez más pobres de nuestros países.

Así las cosas, la recuperación de la actoría social pasa por una redimensión de los espacios políticos y la emergencia de nuevas formas de participación social.

Se trata de que se escuchen las demandas ciudadanas y, de veras, se cambie el modelo económico que, hasta ahora, sin haberse enfrentado las causas de fondo, genera desempleo, pobreza y sólo sirve para engordar la bolsa a los privilegiados del sistema.

Se vive también una crisis de credibilidad que no ha sido superada y la Coparmex no escapa al esquema; priva el descrédito de las supuestas bondades del capital que, en más de un sentido, es corresponsable de lo que condena.

El hecho irrebatible es que ha sido, el sector privado en general, beneficiario de las políticas económicas que han provocado las crisis recurrentes.

Ahora, el coronavirus hace su parte.

La privada iniciativa, al ataque

En un contexto complejo y difícil para cualquier gobierno, la clase patronal despliega una clara ofensiva y se propone minar la base social del proyecto denominado Cuarta Transformación.

Es en ese tenor que Carlos Salazar Lomelín, presidente del Consejo Coordinador Empresarial (CCE), ha transitado de los reclamos y quejas por la “falta de apoyos” a una convocatoria de carácter político en contra de AMLO y su gobierno.

El gran capital mexicano está muy enojado y, a través de sus delegados en los organismos empresariales, despliega una ofensiva a la que no pueden ser ajenos varios de los dueños del dinero que dicen apoyar el proyecto de AMLO, entre ellos Carlos Slim y Alberto Bailleres.

Haciendo su parte, el presidente de la Coparmex, Gustavo de Hoyos, presunto precandidato a lo que caiga, en la práctica llama a la insurgencia empresarial contra el gobierno.

Las otras razones

El enojo empresarial por la “falta de apoyos” tipo Fobaproa, ese latrocinio en despoblado (aunque digan que no es el caso) se agudiza por el requerimiento de que quince grandes empresas (por ahora) le paguen al fisco nada menos que 50 mil millones de pesos que deben en impuestos.

Si no pagan, “se procederá legalmente”, les advierten, y entonces la ira patronal aparece, aunque hasta ahora seguimos esperando las acciones más puntuales.

Con los 50 mil millones (y eso, creo, es solo una parte de lo que el empresariado mexicano ha evadido) podrían hasta triplicarse los créditos para las Pymes.

Deben pagar y lo que efectivamente se haga al respecto ya se verá. Esperemos.

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Calificadoras descalificadas

Parafraseando a Marx: “Hay que educar a los educadores” (lo que aplica para quienes ahora conducen la educación en México), en los tiempos que corren se precisa evaluar a las “calificadoras”.

En este caso me refiero a las internacionales como Standard and Poor’s, Moody’s y Fitch Ratings, cuyas calificaciones con frecuencia se asumen (sobre todo desde los oficiales medios), como indicadores de necesaria referencia en los asuntos de la banca y las finanzas nacionales y mundiales.

Moody’s, Standard&Poor’s y Fitch son “las tres grandes”, entre las agencias globales que bien cobran sus “servicios” y la venta de estrellitas. Las dos primeras son las más influyentes y la tercera tiene menor peso.

Las tres han sido incluso demandadas por falsear información y provocar crisis. A este asunto ya nos hemos referido con amplitud (ver: https://tinyurl.com/y99s95y3, edición de marzo de 2019).

Conflictos de interés

Moody’s, Standard&Poor’s y Fitch son “las tres grandes” entre las agencias “calificadoras” globales. Las dos primeras son las más influyentes y la tercera tiene menor influencia, aunque no deja de ser considerada entre las principales.

De las tres, sus “calificaciones de riesgo” de países, corporaciones y, en general, entidades que manejan recursos e inversión, tanto pública como privada, se toman como indicadores importantes en los mercados financieros.

Una descalificación puede ocasionar serios problemas a Estados nacionales, no porque corresponda a la realidad en sí, sino por las dinámicas que prevalecen en un mundo financiero regido por la especulación más rupestre.

Esas tres “calificadoras de riesgo” están controladas por accionistas vinculados al aparato bancario y bursátil, de Estados Unidos, principalmente, y gestores de activos.

En evidente conflicto de interés, muchas de las empresas, propiedad de los accionistas, son usuarias de sus agencias calificadoras.

Una evidente colusión

La colusión y los conflictos de interés entre las calificadoras y sus clientes (muchos son sus propios accionistas) ha sido denunciada de manera reiterada, de modo que sus “recomendaciones” están bajo fundada sospecha de manipulación.

Es el caso de la que emitió no hace mucho Fitch Rating, advirtiendo que quitar algunas comisiones bancarias, como propusieron algunos legisladores en México, “podría ser negativo para el país y afectar la inclusión financiera”.

Según Fitch, la propuesta (de morenistas) en el Senado de la República, de cancelar el cobro de ciertas comisiones bancarias a los clientes, afectaría directamente a la banca (a sus desproporcionadas ganancias, en efecto) y la agencia afirmó que “la rentabilidad de los bancos mexicanos podría reducirse (pues) el ingreso por comisiones es una fuente importante de ganancias”.

En efecto, Fitch citó que “tan sólo el ingreso por cobro de comisiones ascendió en 2017 a más de 108 mil millones de pesos, 8 por ciento más que en 2016”.

La defensa del interés bancario, leonino, dejó claro a quien sirve Fitch y, a la postre, la propuesta de quitar comisiones no ha prosperado.

En el tintero

--Las dinámicas perniciosas de la burocracia, la sobre administración y la simple indolencia de autoridades, al tenor de antes, siguen siendo un gran lastre. Así, parecen aliados del coronavirus.

--Cuando se saquen las cuentas, serán más los enfermos, y decesos, por el confinamiento, que por el sospechoso (a pesar de los datos duros) coronavirus. En tanto, la promoción del pánico parece ser la divisa.

--Dice la desalineada SEP y sus agencias locales que con las clases “en línea”, en un mar de deficiencias y carencias, todo va muy bien.  

--No hay tal solidaridad de los banqueros en estos momentos de crisis. Con la cacareada posposición del “pago mínimo mensual” se siguen acumulando los intereses.

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