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Ediciòn 283

VOCES DEL DIRECTOR
MOURIS SALLOUM GEORGE


El asesinato como sistema

 

Marco Antonio √Āvila Garc√≠a: ¬°Presente! Francisco Javier Moya Mu√Īoz: ¬°Presente! H√©ctor Javier Salinas Aguirre: ¬°Presente! Regina Mart√≠nez: ¬°Presente! Guillermo Luna Varela: ¬°Presente! Gabriel Huge: ¬°Presente! Esteban Rodr√≠guez: ¬°Presente! Ren√© Orta Salgado: ¬°Presente! Y contando. Son los nombres de nuestros colegas victimados s√≥lo durante las √ļltimas seis semanas. Es mejor la libertad de expresi√≥n a cualquier forma de cancelarla, fue a decir hasta Bridgedetown, Barbados, Felipe Calder√≥n Hinojosa el d√≠a 21 del mes pasado. Y se regres√≥ tan campante.


Voces del Periodista

 

Persecución selectiva

Sin √°nimo de dar lecciones de sem√°ntica, sin embargo conviene observar que la tipificaci√≥n o codificaci√≥n de delincuencia organizada -o de su acepci√≥n m√°s impresionante crimen organizado- es aplicable a la asociaci√≥n, ahora con ingenier√≠a corporativa (el c√°rtel), para la maquinaci√≥n y ejecuci√≥n de operaciones ilegales de orden comercial, financiero, mercantil, bancario, o burs√°til, consumadas mediante pr√°cticas corruptas con la finalidad de obtener ganancias lucrativas, en las que casi invariablementer se coluden agentes p√ļblicos.

Dada la naturaleza y el √°mbito de esas transgresiones a la ley: Lo que se denomina econom√≠a negra, una de las caracterizaciones se refiere a criminales de cuello blanco, tipolog√≠a con la que se pretende presentarlos como delincuentes ‚Äúsocialmente aceptables‚ÄĚ. Esto es, exonerables.

Cuando Felipe Calder√≥n declar√≥ la guerra al crimen organizado, en estricto rigor la circunscribi√≥ √ļnicamente al limitado campo del tr√°fico de drogas, con un acento deliberadamente disminuido sobre¬† la producci√≥n de las mismas y mucho menos al blanqueo de las ganancias generadas por esa actividad. Cuando, para ese objetivo, se ech√≥ mano de las Fuerzas Armadas, el resultado de la primera suspicacia fue en el sentido de que el mandatario pretender√≠a legitimarse de cara al desaseado proceso electoral del que provino su designaci√≥n. O, en su caso, tratar de inhibir, con las capuchas y las armas, los movimientos pol√≠ticos y sociales.

No pas√≥ mucho tiempo para que las evaluaciones m√°s recurrentes y coincidentes hablaran del fracaso de la cruzada. Sin dar a torcer el brazo, el propio Presidente empez√≥ a proclamar: Vamos ganando, aunque no lo parezca. Remiti√≥ entonces la cr√≠tica a un ‚Äúproblema de percepci√≥n‚ÄĚ. Y de este problema, la percepci√≥n, se encontr√≥ pronto a un chivo expiatorio: Los medios de comunicaci√≥n.

Con el tacto de artillero con el que act√ļan algunos panistas, el primero de los cuatro titulares que en lo que va del sexenio han pasado por la Secretar√≠a de Gobernaci√≥n, Francisco Ram√≠rez Acu√Īa, subray√≥ la l√≠nea de aquella incriminaci√≥n hasta dar por sentado que propietarios de medios, periodistas y comunicadores le hac√≠an el juego a los c√°rteles de la droga, presentando los hechos criminales y la estad√≠stica de los mismos con enfoques sensacionalistas, por decir lo menos, sin ponderar en su dimensi√≥n correspondiente los logros de las corporaciones represivas.

No se informa de las cosas buenas que ocurren en México, empezó a mostrar su intemperancia el mandatario.  No se da el mismo valor editorial a las buenas noticias, se empezó a corear como muletilla. Algunos intelectuales orgánicos comenzaron a hacerse eco de esa -más que queja- denuncia.

Y, solicitado u ofrecido, del grupo de anexos salt√≥ uno -¬Ņdos‚Ķ cu√°ntos?- que ha pretendido constituirse en comisario de medios a la usanza sovi√©tica o pinochetesca, quien, con la cartilla en una mano y la tarjeta amarilla en otra -la roja la conserva en el bolsillo para los remisos o reincidentes- ha pretendido dictar las reglas del buen editor a sabor de lo que desea el tirano pinolero, con cuya venia se siente autorizado para irrumpir en las cabinas teleradiof√≥nicas para tratar de acallar voces, ya no para defender la pol√≠tica guerrera, sino para que los periodistas no se metan ahora con el que va a ganar el 1 de julio, seg√ļn lo ha decretado el¬† patr√≥n alterno de ese interventor goebbelsiano. Es el derecho de todo intelectual transexenal.

En ese ambiente de criminalizaci√≥n indiscriminada de los informadores, los bandidos tomaron la iniciativa -plata o plomo-¬† y por la v√≠a de la intimidaci√≥n o por la acci√≥n directa empezaron a compartir la represi√≥n con los agentes del Estado, se√Īalados por gran n√ļmero de investigaciones civiles como los culpables del m√°s alto porcentaje de agresiones a la Libertad de Expresi√≥n y del Derecho a la Informaci√≥n.

Como parte de nuestra responsabilidad asociativa y personal, desde la aparición de nuestras Voces del Periodista hemos venido denunciando cada acción represiva u opresiva contra nuestro oficio. Lo seguiremos haciendo, pero nos negamos a convertir a nuestras víctimas en un guarismo o ecuación más de la estadística macabra.

En el actual sexenio, la demanda de respuesta a reclamos internos e internacionales de justicia, ha sido contestada, por sistema, con nuevas y falsas condolencias o pésames y la sobada promesa: Colaboración para la investigación y el castigo… para las calendas griegas. Y, en la galopante impunidad, son ahora troneras de las concesiones estatales desde donde se incita al linchamiento de los competidores de enfrente.

Ya que esperar que el relevo en los poderes en disputa traiga justicia se antoja vana ilusi√≥n, lo √ļnico que queda es rogar por¬† que el actual mandato federal concluya. Con las manos llenas de sangre, s√≠, pero que llegue ya a su final. Es triste decirlo as√≠, pero no hay otra manera pac√≠fica de expresar la indignaci√≥n.



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