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Edición 295

VOCES DEL DIRECTOR
MOURIS SALLOUM GEORGE

La imaginación

al poder

Las horas que vive hoy la Nación mexicana, no son para fuegos fatuos. Hasta los últimos días del gobierno panista saliente -el de la alternancia fallida-, los fuegos que ciegan y menguan a la comunidad nacional han sido los de la pólvora y el plomo. Ráfagas sin solución de continuidad que siembran incesantemente consternación y luto.

voces

Pese a la crispación colectiva galopante, sin embargo en cada nuevo cambio en las estructuras de mando del poder político, legiones activas desde los poderes fácticos se gratifican dando masajes al ego a la carta, siempre seguras de que el destinatario del halago lo recibirá orondo.

En estos días de transición gubernamental en México, desde las metrópolis de dinero uno de los medios de análisis financiero más influyente del mundo capitalista ha introducido en su prospectiva una frase encantadora: De lo más oscuro, al amanecer. Como siempre, el horizonte más sombrío lo deja el que se va. El alba prometedora es aura que ilumina al que llega.

Ese método adulatorio, propio de la cultura corporativa, es archiconocido en nuestro país. Se puso de moda cuando Adolfo El joven López Mateos entregó la banda presidencial a Gustavo Díaz Ordaz y cuando éste, después de la crisis de octubre de 1968, la transfirió a Luis Echeverría Álvarez.

En el último tramo de su sexenio, sobre Echeverría señoreó la sombra de la conspiración de Chipinque y, cuando el de las guayaberas entregó la guardia a José López Portillo, desde las troneras de la ultraderecha empresarial se escuchó el ensalmo: Se hizo la luz, dijo un magnate de Nuevo León. En 1982, con similar expresión se despidió al expropiador de la banca, pero unas cuantas semanas después en los Estados Unidos, emisarios de la libre empresa mexicana denunciaban el ascenso fraudulento de Miguel de la Madrid.

Con fanfarrias se festinó la caída del PRI en 2000 y el arribo del panista Vicente Fox Quesada. Éste, seguro del juicio que le esperaba a su retirada, dijo su adiós en éstos términos: Me van a extrañar. Y no se equivocó. Ahora aparece el epitafio a lo más oscuro de lo azul, que terminó en rojo sangre.

En eso de la adulación “política” en la víspera -nunca casual; menos gratuita-, hay que explorar con la sonda en  mano firme y la cabeza fría. El ataque emocional personalizado vulnera más que un drone no tripulado sobre población indefensa.

Conviene más -lo creemos pertinente desde una trinchera editorial independiente-, esperar cómo se procesa la estrategia de salvación nacional que el nuevo gobierno está en posición y en deber de acometer, sin hacer abstracción de las dificultades, y aun los riesgos, que entraña el estado de descomposición en que se recibe la administración pública, rayana en la ingobernabilidad.

Desde el centro a la periferia y de regreso, los signos no cuadran con el optimismo de algunos que ven hasta un reacomodo de los astros favorable a los que debutan en el poder de poderes. Las provincias, al menos algunos de sus segmentos más radicalizados, mandan ominosos mensajes que los responsables de las áreas consolidadas de política interior tardarán no sólo en interpretar, sino, sobre todo, en mesurar y responder.

Si desde los Estados Unidos se pone en cuarentena a más de la mitad de las entidades federativas mexicanas a causa de la violencia narca, en otras tantas la agitación por móviles sociales y económicos rebasa a los gobiernos locales que, por impotencia o franco chantaje presupuestal, remiten el bulto a la Federación, como si no bastara la trampa, afortunadamente abortada, tendida por autoridades salientes a la entrante, precisamente en el centro de gravedad de la trasmisión de poderes, militarizando y sitiando el entorno del evento. Una perversa e inexcusable provocación.

En circunstancias tan difíciles de domeñar por un solo individuo, hacemos votos porque la juventud de Enrique Peña Nieto mude en juiciosa madurez; que a la emoción del ungimiento constitucional, suceda la reflexión del estadista. Que frente al alud de servilismo de cuates, recuerde la vieja sabiduría del político mexicano: Cuídate de los “amigos”, que los enemigos no se enmascaran.

Sociedad fluctuante, se le llamó a la de los albores del México independiente. Fluctuante, sí, entre los  acerdados poderes que se resisten a la retirada, y los emergentes que, entre los escombros humeantes del viejo régimen, encuentran todos los obstáculos a su consolidación. No es empresa fácil asumir la conducción de un país flagelado. Si de un nuevo pacto político nacional se trata, no estorba recordar que, en la infancia del nuevo Presidente, se escuchaba el clamor de una generación intransigente contra un establishment decrépito: La imaginación al poder. Un poder, dicho sea de paso, revestido de la autoridad que careció el saliente.



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