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DESTINO MANIFIESTO Cuando nos enjaretaron el espíritu de Houston
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Edición 394

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DESTINO MANIFIESTO

Cuando nos enjaretaron

El espíritu de Houston

Abraham García Ibarra

Apenas sacralizada republicanamente la usurpación del poder presidencial el 1 de diciembre de 1988, Carlos Salinas de Gortari empezó a cortejar a su par estadunidense George W. Bush padre, recientemente instalado en el Salón Oval de la Casa Blanca.

El romance bilateral ‚ÄĒiniciado desde Los Pinos para tratar de mitigar la c√≥lera de Washington contra los ex presidentes Jos√© L√≥pez Portillo y Miguel de la Madrid por su diplomacia soberana‚ÄĒ fue azucarado con el et√©reo Esp√≠ritu de Houston, flotante a√ļn en solares ribere√Īos de Texas.

Previamente, el embajador de Ronald Reagan, John Gavin, se había ocupado de recorrer las provincias septentrionales de México, predicando el imperativo de olvidar rencores históricos.

En Sonora, hacia 1985, abortó la nueva Triple Alianza maquinada por Gavin(Estados Unidos-empresarios mexicanos-clero político) en torno al Partido Acción Nacional, para derrocar la presidencia priista que para entonces había acumulado medio siglo en Palacio Nacional.

Triple Alianza, como reproducción del pacto decimonónico suscrito por Francia, Inglaterra y Francia contra el México independiente, a la que don Benito Juárez hizo frente patrióticamente.

A todo esto, ¬Ņqui√©n fue el espiritual Houston?

¬ŅRencores hist√≥ricos? No es casual que Salinas de Gortari y Bush se hayan puesto a la sombra del Esp√≠ritu de Houston.

Samuel Sam Houston fue hijo de padre virginiano explotador de plantaciones esclavas: Se mudó a Tennessee, donde conquistó fama de soldado pendenciero que actuaba como gatillero del presidente Andrew Jackson, quien ocupó su encargo para exterminar pueblos nativos. Fue este el móvil por el que dicho personaje retó a duelo a congresistas adversos a la política de Jackson.

Houston ocup√≥ la gubernatura de Tennessee y m√°s tarde la presidencia de la naciente Rep√ļblica de Texas.

Aqu√≠ empieza la historia: Jackson cultiv√≥ apetitos expansionistas. Utiliz√≥ a Houston como reclutador de colonos estadunidenses (‚Äúnaturalizados‚ÄĚ mexicanos) para iniciar el proceso conspirativo de anexi√≥n de Texas y una porci√≥n de Coahuila a la Uni√≥n Americana, contando con la complicidad de algunos notables ap√°tridas aztecas, seg√ļn gentilicio de √©poca.

Las guerras de El √Ālamo y San Jacinto

Obviamente, la determinación anexionista de la Casa Blanca tuvo que dirimirse por la vía de las armas. Gobernaba México -una de tantas veces- Antonio López de Santa Anna. (El mejor profeta del futuro, es el pasado, dejó escrito John Sherman).

La primera batalla por el control de territorio mexicano al norte del Rio Bravo se escenific√≥ en El √Ālamo, pr√≥xima la primavera de 1836. ‚ÄúGan√≥‚ÄĚ M√©xico a costa de la vida de todos los soldados estadunidenses que custodiaban la plaza.

La respuesta furiosa de Jackson no se hizo esperar. Cobró venganza los días siguientes y las armas yanquis se cubrieron de gloria en San Jacinto, arrasando el cuartel del Ejército mexicano, sin tomar prisioneros. Era la orden de Washington. (Tomar nota: Desde entonces, soldados irlandeses cuestionaban las masacres y tiempo después, desertores, se formaron en El Batallón de San Patricio, que se incorporó en 1846 a las fuerzas defensoras de México, entrando por Nuevo León y Tamaulipas).

Fueron los entremeses de la infame Guerra de Despojo

No qued√≥ aquello en mero empate t√©cnico. Luego de declarada la ‚Äúindependencia‚ÄĚ de la Rep√ļblica de Texas, una d√©cada despu√©s el presidente James K. Polk se tir√≥ a fondo: Desencaden√≥ la Guerra de despojo que le cost√≥ a M√©xico la mitad de su territorio mediante el Tratado de Guadalupe Hidalgo.

El entonces representante, Abraham Lincoln calificó aquella operación de expolio como una Guerra injusta. Terminaría sus días como presidente mártir por atreverse decretar la abolición de la esclavitud.

Destino Manifiesto como producto de importación

El Destino Manifiesto fue, para los radicales de la supremacía blanca de los Estados Unidos un producto de importación: Lo transportaron los capellanes anglicanos en los buques que Isabel I envió a aguas del Atlántico para tomar su parte en norte continental americano, donde se creó después el estado de Virginia, en honor a la impoluta reina. El Destino Manifiesto, es el mito de la predestinación.

Los expedicionarios ingleses entonaban su balada: Esperamos plantar una nación/ donde antes nadie su planta puso.

Fue el proceso de colonizaci√≥n por el que las guerras entre Inglaterra y Espa√Īa en territorio europeo se trasladaron al Nuevo Mundo por el Caribe, todo, bajo el signo de la perfidia. ‚ÄúCuando las Colonias, lograda su independencia, se constituyeron en Estados Unidos, la naciente rep√ļblica prosigui√≥ m√°s agresivamente la pol√≠tica expansionista de la Madre Patria, proclamando un credo y una doctrina‚ÄĚ. Ser√≠a en la primera mitad del siglo XIX la Doctrina Monroe, con su merengue insolente: Am√©rica para los americanos.

Remember the Alamo, el himno de la venganza

El p√°rrafo entrecomillado pertenece a Rafael Trujillo Herrera, quien histori√≥ √ďlvidate del Alamo, en oposici√≥n a Remember the Alamo, himno que todav√≠a se entona en Texas (en efem√©rides de febrero-marzo de 1836), clamando todav√≠a venganza contra M√©xico. De este rencor hist√≥rico nunca hizo alusi√≥n el embajador Gavin. Mandado no es culpable. ‚ÄúNuestro Destino Manifiesto es extendernos sobre el Continente que nos ha sido dado por la Providencia para el libre desarrollo de nuestros millones que a√Īo con a√Īo de multiplican‚ÄĚ, trat√≥ de justificar un publicista, m√°s que periodista, John I. Sullivan, citado por Trujillo Herrera, a quien se debe tambi√©n la cita en p√°rrafos anteriores: ‚ÄúEl mejor profeta del futuro, es el pasado‚ÄĚ.

Del autor es adem√°s la afirmaci√≥n de que Estados Unidos es el √ļnico pa√≠s de Am√©rica donde no hay americanos, excepto los que viven confinados en ‚Äúreservaciones‚ÄĚ, y los residentes mestizos procedentes de los pa√≠ses hispanoamericanos‚Ķ Un apartado de su prolija obra, lo titula Trujillo Herrera como Los Estados Europeos ‚ÄúUnidos‚ÄĚ, entrecomillado del autor.

John F. Kennedy: Una Nación de inmigrantes

En una √ļltima lectura, de ese trabajo de investigaci√≥n hist√≥rica interesa otro cap√≠tulo puesto bajo la ‚Äúcabeza‚ÄĚ Sicoan√°lisis, en el que el autor retoma un libro p√≥stumo del dem√≥crata John F. Kennedy, Una Naci√≥n de Inmigrantes.

Con la consulta de otras importantes y documentadas obras, Trujillo Herrera redondea la historia de las inmigraciones que explica el libro de Kennedy, de origen irlandés él, cuya premisa fue rescatada por el ex presidente Barack Obama.

Hoy, el gobierno de la Cuarta Transformación se disuelve en la duda existencial sobre si México acepta o no erigirse en Tercer país seguro, con el que Donald Trump pretende exorcizar el estigma de patio trasero del pretendido imperio estadunidense, a cambio de ofrecer a México algunas prebendas económicas a costa de los migrantes centroamericanos y de otros continentes.

Otro epígrafe utilizado por Trujillo Herrera nos dice: El historiador es un profeta que mira hacia atrás. Schlegel. Es cuanto.



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