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CUARTA TRANSFORMACI√ďN Signos de la √©poca: Escatolog√≠a y teratolog√≠a
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Edición 386

3864

CUARTA TRANSFORMACI√ďN

Signos de la época: Escatología y teratología

Abraham García Ibarra

POR COMPULSI√ďN adolescente, al iniciarnos en el oficio period√≠stico tuvimos predilecci√≥n por el estilo de Arist√≥fanes. La mera verdad, terminamos convencidos de que, lo que Salamanca no da‚Ķ etc√©tera. No encontramos ahora un clon del ateniense.

Oficio y no profesi√≥n el nuestro, al pretender madurez en nuestra tarea ‚ÄĒsin estar ce√Īidos al rigor acad√©mico en la investigaci√≥n‚ÄĒ, ‚Äúpor la libre‚ÄĚ empezamos a tocar ciertos temas hist√≥ricos a partir de la selecci√≥n de ciertas biograf√≠as de personajes c√©lebres.

Nos fascinó una contrabiografía de Napoleón por uno de sus compatriotas, que acaba por desmitificarlo. Cuestión de filias y fobias conforme militancias políticas o ideológicas.

De los nuestros: Friedrich Katz y Jean Meyer

En trat√°ndose de acontecimientos y celebridades nuestros, entre muchos historiadores consultados nos quedamos con el austriaco-mexicanizado, Friedrich Katz, cuyo padre, jud√≠o y comunista para mayores se√Īas, activo contra el nazismo y por la defensa la Rep√ļblica Espa√Īola, se acogi√≥ al exilio abierto por L√°zaro C√°rdenas.

Profesor de la Universidad de Chicago a partir de los a√Īos setenta, Katz sin embargo, no desert√≥ del aprendizaje abrevado en la Escuela Nacional de Antropolog√≠a e Historia mexicana. Por supuesto, la recomendaci√≥n a j√≥venes biol√≥gicos, y j√≥venes de alma, es su obra La guerra secreta en M√©xico.

Jean Meyer Barth, francés él, naturalizado mexicano,nos dotó la narrativa más seria, reveladora y apasionante sobre La guerra cristera.

A historiadores extranjeros también debemos las que, para nuestro gusto, son excelentes ensayos sobre vida y obra de Benito Juárez y del propio Cárdenas.

Los historietistas de la Independencia y la Revolución

Para las disipaciones del segundo Centenario de la Independencia y primero de la Revolución mexicana en 2010, Felipe Calderón contrató a un conjunto de historietistasa quienes confió la agenda conmemorativa. Francamente, el michoacano convirtió efemérides en chunga.

Calderón ordenó irracionalmente escarbar en la base de la Columna de la Independencia para hacerle pruebas de ADN a los restos humanos ahí depositados. Con eso estaría dicho todo, a no ser…

A no ser que, entre los historietistas escogidos ‚ÄĒdenunciantes la mayor√≠a de ‚Äúla historia oficial‚ÄĚ‚ÄĒ aparecieron no pocos adictos al formato de vidas ilustres o repetidores ‚Äďcitados por nosotros, sin prejuicios ciertamente‚ÄĒ, del cient√≠fico del porfiriato Francisco Bulnes o el m√≠stico cristero Salvador Abascal Infante; apologistas y devotos algunos de Agust√≠n Iturbide, Antonio L√≥pez de Santana, Maximiliano, Porfirio D√≠az y hasta de Victoriano Huerta.

A don Daniel Cosío Villegas, nuestros respetos

No faltan quienes, si bien no contratados por Calderón, tienen a título de fe la obra de Don Daniel Cosío Villegas, de quien respetamos, sinceramente, la creación del Fondo de Cultura Económica y del Colegio de México. Hay que quitarse el sombrero.

Obras de indudable m√©rito intelectual algunas, sus autores siempre exigieron y a√ļn exigen a los lectores diseccionar y entender a aquellos personajes conforme a lugar, a circunstancias y tiempo hist√≥ricos en que actuaron. Buena rima para dejar de lado los instintos o los dislates de los biografiados y subrayar puntos oscuros de los adversarios.

Hasta donde llevamos dicho, en la literatura consultada los detractores juzgan insidiosamente a ‚Äúlos de enfrente‚ÄĚ por alg√ļn episodio ocasional o acaso concluyente, y no por su pensamiento y acci√≥n en su conjunto.

Hidalgo, Morelos, Juárez, Madero…

Sobre Hidalgo y Morelos, prefieren destacar los autos de condena dictados por sus exterminadores, seg√ļn las causas, delitos o pecados imputados para justificar su ejecuci√≥n. No falta aqu√©l que se gratifica con la derrota de los Insurgentes en el Monte de las Cruces.

De Ju√°rez, han convertido en incesante muletilla el Tratado McLane-Ocampo, por lo dem√°s contenido en El Capitolio estadunidense.

De Madero no tienen m√°s que decir, que profesaba y practicaba el espiritismo.

Contra √Ālvaro Obreg√≥n se invocan incesantemente los Tratados de Bucareli. Contra Plutarco El√≠as Calles, la Ley de Cultos. Contra C√°rdenas, la Educaci√≥n socialista.

A Manuel √Āvila Camacho, primer presidente cat√≥lico del periodo posrevolucionario, se le acusa de apostas√≠a.

Por Miguel Alem√°n Vald√©s, en la l√≠nea editorial asumida, habla la corrupci√≥n. De don Adolfo El viejo Ruiz Cortines se refresca su supuesto colaboracionismo en la invasi√≥n de Veracruz en 1914 y a don Adolfo El joven L√≥pez Mateos no se le perdona a√ļn la mexicanizaci√≥n de la industria el√©ctrica.

Díaz Ordaz, Echeverría, Salinas de Gortari, Zedillo…

Del periodo ‚Äúpopulista‚ÄĚ, sobre Gustavo D√≠az Ordaz y Luis Echeverr√≠a siguen magnific√°ndose los estigmas de La matanza de Tlatelolco y de la guerra sucia.

No hay más de José López Portillo que la expropiación bancaria y la colina del perro. De Miguel de la Madrid, la pretendida humorada de La familia feliz.

En el periodo neoliberal, Carlos Salinas de Gortari y Ernesto Zedillo Ponce de León comparten el error de diciembre de 1994.El primero, solito, la restitución de los crímenes de Estado. El segundo, el Fobaproa-IPAB

La corrupción es un fenómeno cultural

Estamos hablando de una determinada l√≠nea de ‚Äúpensamiento‚ÄĚ; por eso, los que siguen esta l√≠nea contin√ļan exonerando a Vicente Fox de la inauguraci√≥n del saqueo de la renta petroleray a Felipe Calder√≥n del desencadenamiento en 2006 de la guerra fratricida.

Puesto que la corrupci√≥n es un fen√≥meno cultural similar al de Fuenteovejuna, Enrique Pe√Īa Nieto es, desde la perspectiva se√Īalada, ‚Äúv√≠ctima de linchamiento‚ÄĚ de sucesor.

Históricamente, los periodos gubernamentales listados, no pueden darse como cosa juzgada. López de Santa Anna y Díaz se despacharon con la cuchara grande en tiempo y atrocidades en y desde el poder, no debida y definitivamente discernidos.

El gobierno de la Cuarta transformación ha cumplido apenas seis meses de ejercicio. Sus detractores claman casi por la desaparición de poderes constitucionales.

Todo se disuelve en la mera dicotomía

Tenemos, pues, que, en la construcci√≥n de la Historia de M√©xico, se nos quiere hacer tragar ruedas de molino siguiendo la escuela de Nietzsche, aquel que dec√≠a que era un escritor p√≥stumo, al que s√≥lo comprender√≠an le lectores ‚Äúdel futuro‚ÄĚ.

En la recapitulaci√≥n trascrita, dominan los h√©roes ‚Äúverdaderos‚ÄĚ sobre los ‚Äúverdaderos‚ÄĚ villanos. No hay matices entre lo blanco y lo negro: Hacemos de la relatividad, absolutismo. El bien y el mal no tienen punto de convergencia ni de reconciliaci√≥n: Pura dicotom√≠a.

 

Lo escribi√≥ en su oportunidad don Manuel G√≥mez Mor√≠n: En M√©xico, no hay pol√≠tica de noble entendimiento: Hay escatolog√≠a y teratolog√≠a. Por la primera, una adicci√≥n a las materias fecales; por la segunda, fascinaci√≥n por las monstruosidades del organismo social y pol√≠tico. Es cuanto.  

CUARTA TRANSFORMACI√ďN

Signos de la época: Escatología y teratología

Abraham García Ibarra

POR COMPULSI√ďN adolescente, al iniciarnos en el oficio period√≠stico tuvimos predilecci√≥n por el estilo de Arist√≥fanes. La mera verdad, terminamos convencidos de que, lo que Salamanca no da‚Ķ etc√©tera. No encontramos ahora un clon del ateniense.

Oficio y no profesi√≥n el nuestro, al pretender madurez en nuestra tarea ‚ÄĒsin estar ce√Īidos al rigor acad√©mico en la investigaci√≥n‚ÄĒ, ‚Äúpor la libre‚ÄĚ empezamos a tocar ciertos temas hist√≥ricos a partir de la selecci√≥n de ciertas biograf√≠as de personajes c√©lebres.

Nos fascinó una contrabiografía de Napoleón por uno de sus compatriotas, que acaba por desmitificarlo. Cuestión de filias y fobias conforme militancias políticas o ideológicas.

 

De los nuestros: Friedrich Katz y Jean Meyer

En trat√°ndose de acontecimientos y celebridades nuestros, entre muchos historiadores consultados nos quedamos con el austriaco-mexicanizado, Friedrich Katz, cuyo padre, jud√≠o y comunista para mayores se√Īas, activo contra el nazismo y por la defensa la Rep√ļblica Espa√Īola, se acogi√≥ al exilio abierto por L√°zaro C√°rdenas.

Profesor de la Universidad de Chicago a partir de los a√Īos setenta, Katz sin embargo, no desert√≥ del aprendizaje abrevado en la Escuela Nacional de Antropolog√≠a e Historia mexicana. Por supuesto, la recomendaci√≥n a j√≥venes biol√≥gicos, y j√≥venes de alma, es su obra La guerra secreta en M√©xico.

Jean Meyer Barth, francés él, naturalizado mexicano,nos dotó la narrativa más seria, reveladora y apasionante sobre La guerra cristera.

A historiadores extranjeros también debemos las que, para nuestro gusto, son excelentes ensayos sobre vida y obra de Benito Juárez y del propio Cárdenas.

 

Los historietistas de la Independencia y la Revolución

Para las disipaciones del segundo Centenario de la Independencia y primero de la Revolución mexicana en 2010, Felipe Calderón contrató a un conjunto de historietistasa quienes confió la agenda conmemorativa. Francamente, el michoacano convirtió efemérides en chunga.

Calderón ordenó irracionalmente escarbar en la base de la Columna de la Independencia para hacerle pruebas de ADN a los restos humanos ahí depositados. Con eso estaría dicho todo, a no ser…

A no ser que, entre los historietistas escogidos ‚ÄĒdenunciantes la mayor√≠a de ‚Äúla historia oficial‚ÄĚ‚ÄĒ aparecieron no pocos adictos al formato de vidas ilustres o repetidores ‚Äďcitados por nosotros, sin prejuicios ciertamente‚ÄĒ, del cient√≠fico del porfiriato Francisco Bulnes o el m√≠stico cristero Salvador Abascal Infante; apologistas y devotos algunos de Agust√≠n Iturbide, Antonio L√≥pez de Santana, Maximiliano, Porfirio D√≠az y hasta de Victoriano Huerta.

 

A don Daniel Cosío Villegas, nuestros respetos

No faltan quienes, si bien no contratados por Calderón, tienen a título de fe la obra de Don Daniel Cosío Villegas, de quien respetamos, sinceramente, la creación del Fondo de Cultura Económica y del Colegio de México. Hay que quitarse el sombrero.

Obras de indudable m√©rito intelectual algunas, sus autores siempre exigieron y a√ļn exigen a los lectores diseccionar y entender a aquellos personajes conforme a lugar, a circunstancias y tiempo hist√≥ricos en que actuaron. Buena rima para dejar de lado los instintos o los dislates de los biografiados y subrayar puntos oscuros de los adversarios.

Hasta donde llevamos dicho, en la literatura consultada los detractores juzgan insidiosamente a ‚Äúlos de enfrente‚ÄĚ por alg√ļn episodio ocasional o acaso concluyente, y no por su pensamiento y acci√≥n en su conjunto.

 

Hidalgo, Morelos, Juárez, Madero…

Sobre Hidalgo y Morelos, prefieren destacar los autos de condena dictados por sus exterminadores, seg√ļn las causas, delitos o pecados imputados para justificar su ejecuci√≥n. No falta aqu√©l que se gratifica con la derrota de los Insurgentes en el Monte de las Cruces.

De Ju√°rez, han convertido en incesante muletilla el Tratado McLane-Ocampo, por lo dem√°s contenido en El Capitolio estadunidense.

De Madero no tienen m√°s que decir, que profesaba y practicaba el espiritismo.

Contra √Ālvaro Obreg√≥n se invocan incesantemente los Tratados de Bucareli. Contra Plutarco El√≠as Calles, la Ley de Cultos. Contra C√°rdenas, la Educaci√≥n socialista.

A Manuel √Āvila Camacho, primer presidente cat√≥lico del periodo posrevolucionario, se le acusa de apostas√≠a.

Por Miguel Alem√°n Vald√©s, en la l√≠nea editorial asumida, habla la corrupci√≥n. De don Adolfo El viejo Ruiz Cortines se refresca su supuesto colaboracionismo en la invasi√≥n de Veracruz en 1914 y a don Adolfo El joven L√≥pez Mateos no se le perdona a√ļn la mexicanizaci√≥n de la industria el√©ctrica.

Díaz Ordaz, Echeverría, Salinas de Gortari, Zedillo…

Del periodo ‚Äúpopulista‚ÄĚ, sobre Gustavo D√≠az Ordaz y Luis Echeverr√≠a siguen magnific√°ndose los estigmas de La matanza de Tlatelolco y de la guerra sucia.

No hay más de José López Portillo que la expropiación bancaria y la colina del perro. De Miguel de la Madrid, la pretendida humorada de La familia feliz.

En el periodo neoliberal, Carlos Salinas de Gortari y Ernesto Zedillo Ponce de León comparten el error de diciembre de 1994.El primero, solito, la restitución de los crímenes de Estado. El segundo, el Fobaproa-IPAB.

 

La corrupción es un fenómeno cultural

Estamos hablando de una determinada l√≠nea de ‚Äúpensamiento‚ÄĚ; por eso, los que siguen esta l√≠nea contin√ļan exonerando a Vicente Fox de la inauguraci√≥n del saqueo de la renta petroleray a Felipe Calder√≥n del desencadenamiento en 2006 de la guerra fratricida.

Puesto que la corrupci√≥n es un fen√≥meno cultural similar al de Fuenteovejuna, Enrique Pe√Īa Nieto es, desde la perspectiva se√Īalada, ‚Äúv√≠ctima de linchamiento‚ÄĚ de sucesor.

Históricamente, los periodos gubernamentales listados, no pueden darse como cosa juzgada. López de Santa Anna y Díaz se despacharon con la cuchara grande en tiempo y atrocidades en y desde el poder, no debida y definitivamente discernidos.

El gobierno de la Cuarta transformación ha cumplido apenas seis meses de ejercicio. Sus detractores claman casi por la desaparición de poderes constitucionales.

 

Todo se disuelve en la mera dicotomía

Tenemos, pues, que, en la construcci√≥n de la Historia de M√©xico, se nos quiere hacer tragar ruedas de molino siguiendo la escuela de Nietzsche, aquel que dec√≠a que era un escritor p√≥stumo, al que s√≥lo comprender√≠an le lectores ‚Äúdel futuro‚ÄĚ.

En la recapitulaci√≥n trascrita, dominan los h√©roes ‚Äúverdaderos‚ÄĚ sobre los ‚Äúverdaderos‚ÄĚ villanos. No hay matices entre lo blanco y lo negro: Hacemos de la relatividad, absolutismo. El bien y el mal no tienen punto de convergencia ni de reconciliaci√≥n: Pura dicotom√≠a.

Lo escribi√≥ en su oportunidad don Manuel G√≥mez Mor√≠n: En M√©xico, no hay pol√≠tica de noble entendimiento: Hay escatolog√≠a y teratolog√≠a. Por la primera, una adicci√≥n a las materias fecales; por la segunda, fascinaci√≥n por las monstruosidades del organismo social y pol√≠tico. Es cuanto.  

 



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