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Edición 377

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Urge restaurar el Estado constitucional

Abraham García Ibarra

SI LE QUITAMOS algunas sombras de sospecha, nos quedamos con que la pol√≠tica es el arte de lo posible, m√°s all√° de lo deseable, derecho √©ste que la democracia -ah√≠ donde se practica- reserva a los electores.

El ‚Äúproblema‚ÄĚ de los votantes mexicanos -que no son excepci√≥n, ciertamente-, es que los candidatos a puestos de elecci√≥n se sobregiran irreflexivamente en sus ofertas en campa√Īa, sin conciliarlas con los recursos presupuestales a su alcance. Si nos vamos m√°s lejos, ni siquiera con una aut√©ntica voluntad de servicio.

El ‚Äúproblema‚ÄĚ ha desembocado en una crisis de gobernabilidad cuando -con independencia de si tienen vocaci√≥n y aptitudes para la operaci√≥n pol√≠tica y administrativa- los m√°s recientes presidentes se han despojado de todo escr√ļpulo y, con una rapacidad c√≠nica e insaciable, han llegado a saquear la renta nacional para s√≠, sus familias o para los intereses que los llevaron al poder.

No es casual, ni gratuito, que en recientes investigaciones acad√©micas y consultas p√ļblicas se haya diagnosticado un desencanto de los ciudadanos en la democracia y un alto porcentaje haya insinuado su inclinaci√≥n hacia la dictadura.

¬ŅPrincipios republicanos?

Constitucionalistas dom√©sticos suelen subrayar un permanente d√©ficit de la democracia representativa ‚Äúa la mexicana‚ÄĚ: La carencia de controles funcionales reales y eficaces sobre los actos del jefe del Ejecutivo y su gabinete -el descenso de la pir√°mide erosiona sus bases-, que operan distantes o a contrapelo de valores y principios en que debe sustentarse todo r√©gimen republicano.

Se ha vulnerado por sistema la equilibradora técnica de pesos y contrapesos, piedra de toque de la división de poderes.

La sicolog√≠a del gobernante nos aporta una advertencia: El solo hecho de nominar y ascender a una persona a una responsabilidad de Estado, no la hace en autom√°tico apta para el desempe√Īo de las funciones a cuyo cumplimiento es llamada.

No es mera broma recordar que, aun en la ONU, se hayan introducido recomendaciones de especialistas en la materia para que todo aspirante al liderazgo de Estado pase antes por el div√°n del siquiatra.

No pocas tr√°gicas consecuencias se hubieran evitado si por ese consultorio hubieran pasado Carlos Salinas de Gortari, afectado s√≠quicamente por la comisi√≥n de un homicidio en su infancia; el propio Salinas acus√≥ a Ernesto Zedillo de actuar presa de los traumas de su ni√Īez. La Sacra Rota Romana puso en entredicho las facultades mentales de Vicente Fox.

Desde Cal√≠gula y Ner√≥n ese asunto est√° en la orden del d√≠a. En a√Īos recientes y ahora mismo, en los Estados Unidos el fen√≥meno lo encarnan Ronald Reagan, George W. Bush y Donald Trump.

Volvamos a casa:¬ŅQu√© explica la degradaci√≥n de la pol√≠tica mexicana y de los ensayos democr√°ticos? Si se nos permite la licencia: La endogamia.

Si fuera necesario definir la metáfora: Matrimonio entre dos personas del mismo linaje o familia; en algunos recientes casos, entre personas de la misma tribu. Otra forma de llamarla es nepotismo. Para los partidos políticos aplica la nomenclatura.

Verbigracia: Durante m√°s de medio siglo, los presidentes tuvieron que ser avalados, desde su candidatura, por la familia revolucionaria que se√Īore√≥ sobre el PRI. En el PAN se les identific√≥ como familias custodia. Hasta ahora son las dos formaciones que han ejercido el poder presidencial.

En el primer caso, influyó la sangre. No la filial, sino la derramada en los campos de batalla. Fueron, hasta 1945, los militares revolucionarios quienes determinaron la sucesión en el poder.

El relevo generacional tricolor qued√≥ a cargo, sobre todo, de los universitarios; compa√Īeros de banca sigue siendo a√ļn el santo y se√Īa. En un no lejano periodo presidencial se habl√≥ de La familia feliz. En el siguiente, del Grupo compacto.

En el segundo caso, los v√≠nculos los determin√≥ la religi√≥n: Desde la sociedad fluctuante despu√©s de la Independencia hasta la Guerra Cristera de los a√Īos veinte del siglo pasado. Ahora mismo, en la pugna por la jefatura nacional del PAN contiende un nieto del fundador del partido de los cat√≥licos, Manuel G√≥mez Mor√≠n.

√Čtica republicana y moral cristiana

Un signo de esas dinastías políticas lo fue el tipo de código para acreditar y reconocer la militancia, y estimular ascenso en la escala política. La otra categoría era la de simples miembros o promotores del voto.

Postulantes los primeros de la ética republicana y los segundos de la moral cristiana, las normas eran preventivas de la corrupción.

Hace poco, sólo lo recordamos para darle alegoría al tema, a un alcalde nayarita se le cuestionó si había robado: Si, pero nomás poquito, confesó. El pasado 1 de julio perdió su reelección.

Eso era inadmisible -la confesión-, so pena de ver interrumpida la carrera, en los partidos históricos. El regidor, luego diputado local, presidente municipal, diputado federal y senador, debiera exhibir las manos limpias para aspirar a la gubernatura. De ahí, eventualmente una secretaría de Estado para colocarse en la plataforma rumbo a Los Pinos.

Hoy, no es como antes: Desde su estreno, un regidor o s√≠ndico, de 20 a 30 a√Īos, exhibe una fortuna superior a la del gobernador de su estado; un gobernador -Javier Duarte de Ochoa, Roberto Borge Angulo, C√©sar Duarte, Guillermo Padr√©s El√≠as, Tom√°s Yarrington, Eugenio Hern√°ndez Flores, Graco Ram√≠rez, Jorge Herrera, Rodrigo X, m√°s lo que se acumulen esta semana- atesora caudales dinerarios e inmobiliarios superiores a los del presidente.

El fil√≥sofo veracruzano priista, Fidel Herrera Beltr√°n le puso nombre a la patente: Si para eso no sirve el poder, entonces‚Ķ ¬°Pa¬ī qu√© chingaos sirve?

Lo de los moches de diputados o senadores se los dejamos a las secciones de nota roja de los tabloides. Sólo aclaramos que en tal asignatura hay paridad de género.

La falsedad, la dejadez y la ineficacia administrativas; la impericia pol√≠tica, la rapi√Īa y la desfachatez de esos espec√≠menes corruptos, pasados por la impunidad, nos han colocado en la situaci√≥n de Estado fallido. ¬°Urge restaurar el Estado constitucional!

Al teclear la línea anterior nos tiemblan las corvas: En el frontispicio de las cámaras legislativas mexicanas leemos la advertencia de Dante: El que entréis aquí, perded toda esperanza.

Cultura parlamentaria

Un gran racimo de los miembros de la LXIV Legislatura federal lo forman aquellos que, a lo largo de cinco sexenios, han planchado y votado las reformas estructurales, primero, y las ‚Äútransformadoras‚ÄĚ en el actual sexenio. Se autoaplaudieron el f√°ctico Pacto por M√©xico.

No se duda de que muchos de esos personajes dominen la técnica legislativa, no en balde son redomados repetidores. Pero para decir que tienen, en primer lugar, la formación jurídica, la voluntad patriótica y la emoción solidaria de los que asistieron a los congresos de Chilpancingo, Apatzingán y los de Querétaro en 1856 y 1917, hay que recorrer una distancia sideral.

¬°Vaya! No se puede hablar ni de cultura parlamentaria. Sobra con ver los espect√°culos salvajes que se han observado en el arranque del primer periodo legislativo.

Se han montado ya, en escasas ocho semanas, escenas medi√°ticas para presentar iniciativas de reformas a la Constituci√≥n -siempre perfectible, sol√≠a decirse anta√Īo- y no se sabe si el remedio va a resultar peor que la enfermedad, como ha resultado en este sexenio.

Hace apenas unos cuantos a√Īos, el doctor Sergio Garc√≠a Ram√≠rez cuestion√≥ ciertos productos legislativos con la monstruosa met√°fora del Beb√© de Rosemary. Un retrato del surrealismo parlamentario.

Si el compromiso y la voluntad del presidente electo, es acometer la cuarta transformaci√≥n de la Rep√ļblica, ¬Ņes preciso quemar etapas por mero protagonismo?

P√°rrafos antes empleamos el verbo restaurar. Nuestra Madre Academia lo define como recobrar, recuperar. Es evidente que el actual texto de la Carta fundamental conserva valiosos contenidos dignos de rescatarse, empezando por su estricta observancia por el Poder Ejecutivo.

En orden de títulos y capitulares, como en todo buen método, se empieza por el principio: Ahí está el artículo Primero: De los Derechos Humanos y sus garantías, seguido, obviamente, por el segundo, sobre los derechos de los pueblos originarios.

¬ŅQu√© tal el sexto y el s√©ptimo sobre el Derecho a la Informaci√≥n y la Libertad de Expresi√≥n?

Murió por suicidio

El 25 sobre la rector√≠a del Estado referida al dise√Īo y conducci√≥n del desarrollo nacional. Una p√°gina m√°s adelante est√° el 27, que acredita a la Naci√≥n como propietaria de tierras y aguas y en su p√°rrafo quinto le reconoce el dominio directo de todos los recursos naturales, entre los que est√° el petr√≥leo.

Como éste no es un texto para taller constitucional, nos saltamos hasta el 123 en materia de Trabajo y Previsión Social. Y cortamos.

Ah√≠ est√°n, como la Puerta de Alcal√°, viendo correr el tiempo. Aqu√≠, el tiempo es s√≥lo seis a√Īos no extensibles ni prorrogables.

Es facultad y obligación del presidente, mandata la Constitución… ejecutar las leyes que emita el Congreso, pero en orden de jerarquía está primero la propia Constitución.

Cerramos con lo que ya parece nuestra r√ļbrica. Cuando un Estado muere, no se precisa la autopsia: Muri√≥ por suicidio. Pero el Estado fallido todav√≠a patalea. Hay que asestarle la puntilla y ol√©. Es cuanto.



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