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Ediciòn 282

RETOBOS EMPLUMADOS
PINO P
√ĀEZ
(Exclusivo para Voces del Periodista)

 

Terciariocronicar
del senote sagrado


DE LA M√ćTICA ABUNDANCIA DE SABRINA, a los su√©teres m√°gicamente enmonta√Īados de¬† Jane Mansfield y Fany Cano, transitando por la peque√Īez magn√≠fica de Pina Pellicer y BrigitteBardot‚Ķ en pechos de mujer se combinan en un p√°lpito la hermosura y el milagro.Patriarcas de la ‚Äúest√©tica‚ÄĚ y la mercadotecnia, empero, dictan dictaduras de empechada monumentalidad, imponen la exuberancia pectoral como norma que atraiga ¬†legi√≥n de sitibundos, amotinados bebedoresen catedrales horizontales que cirujanos instalan en el umbral del coraz√≥n, a fin de que de una sola corazonada‚Ķ galanes en tumulto se aproximen sumisos con la s√ļbita ofrenda de su sed.


Mujeres

 

Crónica primaria: Pétreo latir

Petra Camargo Morales, en cuanto los calendarios le maduraron la existencia, sent√≠ase satisfecha con sus redondeos sin cambio‚Ķ pero con mir√≠ficas protuberancias de mujer: caderas suculentas donde los faunos anhelan sujetarse en el naufragio; piel api√Īonada y frutal como para eternizar homenajes en el ritual del besuqueo;cuelloelegante y apetecible para draculear lo afrodisiaco de una dentellada; senitos bellamente diminutos en s√≠mil de tunita lista a ser consumida en una canci√≥n.

Petra, sin embargo, pas√≥ a ser reh√©n de ‚Äúinfomerciales‚ÄĚ en que f√©minas de busto reducido dejan de ser sujeto para devenir objeto de iron√≠a. Conocidas suyas, operadas, que de lindos limoncitos hicieron espectaculares toronjotas‚Ķ se burlaban de aqu√©lla que a√ļn no acud√≠a al quir√≥fano de los tor√°xicos incrementos, a la cual motejaron ‚ÄúGioconda‚ÄĚ porque, a risotadas aclaraban, se trataba de una min√ļscula ‚Äúmona lisa‚ÄĚ.

Camargo se sinti√≥ devastada por la crueldad de sus ‚Äúamigas‚ÄĚ, por los anunciantes de catedralicias vanguardias, por la venta de sostenes que sostienen el alud de una cordillera‚Ķ mientras ella se colocaba de brasier un antifaz.

Morales temía muchísimo a los operadores del implante. Su obsesión y su miedo conjugados, la orillaron a colocarse bajo la blusa dos piedras enormes que lapidarían amás de un bebedor.

Petra Camargo Morales es ahora la temida: le temen los ap√≥statas locutores del senote sagrado, a quienes apedrea desde el arsenal de los latidos. Le temen sus ‚Äúamigas‚ÄĚ por las pedradas sin habladas con que las tiene advertidas, si vuelven a giocondizarla. letemen sedientos en celo que a sorbos de pasi√≥n man√°le extraen de las piedras. Petra P√©trea abri√≥ para todas una cantera alternativa superior al bistur√≠.

Crónica secundaria: gigantismo en hermandad

Charly Carla M√©ndez Astudillo se dedic√≥ al travestismo teatral desde su adolescencia. Nunca le interes√≥ emascularse para lucir una hermosa herida de mujer. Lo que deseaba m√°s ardiente que una hoguera‚Ķ era tener de izquierda a derecha y viceversa un seno bendito y may√ļsculo, un senote sagrado sin connotaci√≥n al sacrilegio.

Charly, sin recurrir a depilaciones extremas, adquiri√≥ un¬† cutis casi femenino, sin rastro de patillas que le bosquejaran bre√Īales a lo largo del perfil, exento del mostacho tan desagradable en que se atoran los tributos del catarro.

Carla tenía un pendiente, no arete que de eso poseía un arsenal, sino una incumplida ilusión: senos, senos tan prolíficos que del pecho a tierra hicieran un instantáneo sembradío de volcanes.

Méndez no recurrió al quirófano sino a la química, apastillotas más gordas que lágrimas de farsante. De las liliputienses tetillas, irrumpió una dualidad de artísticos aguacatitos, elegantes y sensuales que desde el hostal de una blusita ajustada… despuntaban una especie de disparos a mansalva de hermosura.

Astudillo personific√≥ el j√ļbilo con su tronco poblado de dos bellezas; ya no imitaba en el teatro a vedetes afamadas, se descubr√≠a el torso y, ante la luz reveladora de un reflectorcito, el respetable aullaba de sed, m√°s que El lobo estepario de Hesse, m√°s que la envidiosa Loba de Chimalhuac√°n, m√°s que la putativa mam√° de R√≥mulo y Remo. ¬°Auuu! coyoteabanlos comensales reclamando su derecho a la hidropes√≠a.

Charly Carla M√©ndez Astudillo gozaba la hermanada perfecci√≥n de sus protuberancias. Su alegr√≠a pronto perder√≠a hasta el amaranto, pues pese a que ya no tomaba las pildorotas aqu√©llas, las hermanitas no cesaban de crecer: de los aguacatitos, a los melones, de los melones a balas de ca√Īoner√≠a antia√©rea, de balas de ca√Īoner√≠a antia√©rea, a cola de drag√≥n‚Ķ

Charly intentó el cercenamiento, pero más vigorosas y grandotas renacían las cuatitas. Carla se cubría el tronco con abrigotes de centinela y aun así a la vista los volovanes todo tumoraban. Méndez vio que embarnecían ¡dos serpientes! más grandes y rollizas que una boa. Astudillo ahora labora en un circo, muestra sus víboras e invita a los sedientos a que se zampen el fin de un solo trago apasionado.

 

Mujeres

 

Crónica terciaria: de bufanda casi el corazón

Teresita Jiménez Ruiz es una devota que jamás extravía las cuentas del rosario; sumisa nunca falla a su misa, a su misión en doble redundancia de absoluta sumisión.

Teresita, empero, padece un pesar, un aut√©ntico y literal peso pesaroso: ¬°unas descomunales gl√°ndulas mamarias que le acompa√Īan el latir en penitencia!, pechos imposibles de despechar que la doblegan y le acarrean depravados fisgoneos en enjambre.

Jim√©nez, en un principio, reclu√≠a a las grandulonas en ataduras de chal y de rebozo. Todo en vano, impasible permanec√≠a el d√ļo de regordetasgelatin√°ndole sismos al caminar. Y los ojos, los ojos m√ļltiples de plat√≥n, en absoluto plat√≥nicos,s√≥loemplatonadose imparpadeablescurioseos de pecador, sin di√°logos pero con ¬†pornogr√°ficay mirona filosof√≠a sin pesta√Īear.

Ruiz asumió la posesión de su parejota de rollizas, más que en castigo, como pruebaa la fidelidad de su estoicismo;nada de serruchar grosores… ni esconderfratelas en armadura. Cesó el enrebozamiento contra las carnalitas, las indultó, liberándolas de chal y copas carcelarias. En los horarios del frío con ellas se tapa libertaria; las inseparables la protegen de la escarcha, le sirven de gran gazné, y se coloca de bufanda casi el corazón.

Teresita Jiménez Ruiz ya no sufrió en agravio el recrudecido ojear de los degenerados, conmiseración le causaban las miradas manifestaciones de la sed. Teresita, en altruismo inmarcesible, les da de beber la paz… en la liberada y bondadosa gemelez de sus cantarotes. Jiménez aplaca pecaminosas deshidrataciones enla fraternidad de sus congénitas fontanotas. Ruiz musita coros gregorianos al unísono que redime peregrinos que hacen fila frente a las parientas que jamás agotan su ablución ni su absolución.

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