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Ediciòn 285

ITINERARIO 2012

ABRAHAM GARC√ćA IBARRA

El opio, la religión del imperialismo
¬Ņ
Y por eso nos matamos?
La religi
ón es el opio de los pueblos
Carlos Marx

SIEMPRE RESULTA UN EJERCICIO INGRATO y doloroso documentar las estadísticas del horror, particularmente cuando éstas tratan de la vida humana, pero en este oficio nuestro es imperdonable ejecutar el maquinazo sólo para salir del paso. Sin ánimo de extrapolación, ya que, después de todo, son historias articuladas, vamos al grano:

Itinerario7

Segunda invasión de Indochina (Vietnam)

Para repetir que México -a fin de situarnos en un eje rector del tema, vale mencionar a Colombia y Afganistán-, es nuevamente víctima de la perfidia gringa, requerimos trazar, aunque sea a grandes rasgos, el cuadrante histórico de la tragedia mexicana.

Como promisoria consecuencia de la Segunda Guerra Mundial vinculada al nacimiento de la Organizaci√≥n de las Naciones Unidas (ONU), la Cuarta Rep√ļblica de Francia, celosa de su legado en pro de los Derechos Humanos y de los compromisos suscritos por la alianza antifascita entre comunistas y socialistas, pero tambi√©n congruente con los movimientos insurgentes en sus viejos dominios, empez√≥ un proceso de descolonizaci√≥n en el que reconoci√≥ como beligerantes independentistas a Vietnam, Laos y Camboya.

La reina Victoria.
La reina Victoria.

Para decirlo pronto, tampoco se trató de una actitud voluntarista. Se trató de un imperativo realista: Una China triunfante bajo la sabia dirección de Mao Tse-Tung no escatimó su apoyo al Viet Minh, surgido en 1941 como catalizador de las fuerzas de Vo Nguyen Giap y el legendario Ho Chi Min, quien el 18 de agosto de 1945 lanzó  la proclama de insurrección general. Los franceses colonialistas, impulsados menos por la nostalgia que por los apetecibles frutos de los arrozales, el caucho y la adormidera (placenta de la goma de opio), todavía pretendieron retener sus colonias asiáticas, pero el Tratado de Ginebra disuadió su propósito. En 1954, Francia saludó la soberanía de Vietnam en dos estados, si bien los nacionalistas pasarían la posibilidad de reunificación o separación definitiva por el referéndum.

Y, ¬Ņqu√© son los tratados internacionales para los Estados Unidos? No les conceden ni el valor de la tinta y el papel en que se imprimen. De ah√≠ que, cuando la din√°mica liberacionista empuj√≥ a los sure√Īos al golpe de Estado contra el emperador Bao Dai, la bota gringa se hizo presente. Bao Dai, m√°s que conductor y benefactor de su pueblo, era el zar del opio asi√°tico. Ngo Dinh Diem y Van Minh, con los Estados Unidos detr√°s, se apoderaron del imperio de la droga.

Y entonces apareció la CIA

Obviamente, la mano que mov√≠a la cuna era la de la Agencia Central de Inteligencia (CIA). Subrayar este dato: La CIA provey√≥ a los contingentes armados de Diem de una red a√©rea bajo el supuesto de apoyar la resistencia del Kuomitang contra las guerrillas comunistas inspiradas en el mao√≠smo, que estrujaba tambi√©n las entra√Īas de Laos y Camboya.¬† En efecto, de ida, las naves estadunidenses iban cargadas de suministros y armas. De regreso, sal√≠an cargadas de opio. Los medios de comunicaci√≥n norteamericanos empezaron a acu√Īar el santo y se√Īa: Air Opium, S. A. C. V., aunque no desestimaban los avances del Vietcong.

De ah√≠ p‚Äôal real: Cuando los monjes budistas empezaron a inmolarse, John F. Kennedy crey√≥ poder contra el poder de los se√Īores de la goma y orden√≥ la suspensi√≥n de los vuelos. Hacerlo le cost√≥ la vida en 1963. Diem fue derrocado, pero el nuevo aliado, Nguyen Van Thieu, ya le hab√≠a tomado cari√Īo a la rentable empresa. Hong Kong, dominio brit√°nico, se encargar√≠a de suministrarle los precursores qu√≠micos para elevar la calidad de la hero√≠na y la morfina, si bien los Estados Unidos simulaban tener m√°s inter√©s en las vetas de tungsteno y esta√Īo y en impedir que la insurrecci√≥n contaminara Malasia, Indonesia y Filipinas.

(No estorba recordar que, en 1842, la Inglaterra victoriana se agandalló Hong Kong  en perpetuidad merced a la derrota del imperio chino -consecuencia de la primera guerra del opio que los ingleses desataron en la región para controlar la goma. Tampoco estorba recordar que, cuando Kennedy impulso en América la Alianza para el Progreso, dispuso el envío al sur de los temidos Cuerpos de paz, cuyos voluntarios se sintieron en el paraíso quemando con gringa alegría las variedades de mota Santa Marta gold o la Punto rojo, cultivadas en Centroamérica.)

Las estadísticas del horror

Para entonces -volvemos al entorno asi√°tico-, si a los mandos de El Pent√°gono les importaban especialmente los dividendos de la producci√≥n y el tr√°fico de la sustancias ‚Äúprohibidas‚ÄĚ, la tropa ya le hab√≠a tomado sabor a la nieve, cuyo consumo les era autorizado para ‚Äúdarles valor‚ÄĚ frente el escurridizo y temible enemigo, contra el que nada pod√≠an el napalm ni el agente naranja, arrojados indiscriminadamente en toneladas m√©tricas sobre el territorio del indomable adversario por √≥rdenes de Lyndon B. Johnson, ya consignado en la historia como el primer Presidente militarizado en el √ļltimo medio siglo norteamericano.

 

Itinerario1

 

Va el dato que nos interesa: Para cuando, en 1975, cay√≥ Saig√≥n, el recuento de los da√Īos comput√≥ 58 mil 169 soldados norteamericanos muertos, 304 mil heridos y dos mil 29 desaparecidos (las secuelas incapacitantes para los Estados Unidos fueron tres veces mayores que las registradas en la Segunda Guerra Mundial). Esto es, en m√°s una d√©cada de una guerra internacional de tan desmesurada magnitud (USA lleg√≥ a desplazar hasta 580 mil activos hacia aquella regi√≥n), las Fuerzas Armadas gringas perdieron menos vidas que las que en menos de seis a√Īos M√©xico ha perdido en la guerra narca.

Cuando Richard M. Nixon orden√≥ la retirada y cre√≥ la Drug Enforcement Agency (la afamada DEA) con el objetivo de combatir el tr√°fico y la drogadicci√≥n en territorio propio, el huevo de la serpiente ya hab√≠a quedado incubado. Nixon hab√≠a pactado con los jefes mafiosos locales -sobre todo con Meyer Lansky, de quien hab√≠a sido abogado de cabecera y √©ste uno de los m√°s generosos donantes a sus campa√Īas electorales- una detente interior, pero el fen√≥meno era ya irreversible. Y c√≥mo no: Para enfrentar la subversi√≥n dom√©stica -levantiscas minor√≠as negras y sublevaci√≥n juvenil, etc√©tera- la CIA aplic√≥ como disuasivo la distribuci√≥n masiva de droga -acaso a t√≠tulo gratuito- en barrios lumpenizados y en las escuelas. La clase dorada en las grandes ciudades ya estaba entregada a sus caras disipaciones en las que primero el c√°√Īamo sagrado y luego los polvos m√°gicos eran de consumo obligado.

El huésped del Salón Oval empleó sus agencias punitivas para imponer el combate a las drogas en el extranjero (desde allá viene lo que ahora es la Iniciativa Mérida), pero, al ser defenestrado, los jefes mafiosos se sintieron liberados de la palabra comprometida, y ya con Ronald Reagan podían verse a sus anchas en la Casa Blanca. Y no es metáfora: Es literal.

Crimen como política de Estado

Despu√©s de intensos y largos¬† a√Īos de confrontaci√≥n pol√≠tica y armada al r√©gimen ves√°nico somocista en Nicaragua, unificadas las tres vertientes del Ej√©rcito Sandinista de Liberaci√≥n Nacional (ESLN) para el combate final, el 17 de julio de 1979 huy√≥ del pa√≠s el tirano Anastasio Somoza, formado militarmente en West Point (USA). Dos d√≠as despu√©s, entr√≥ a Managua la Junta de Reconstrucci√≥n Nacional auspiciada por el Frente Patri√≥tico, cuyas primeras acciones revolucionarias consistieron en la nacionalizaci√≥n de tierras y propiedades del propio Somoza, familiares y compinches que usufructuaban el 40 por ciento de la econom√≠a nacional, pecado mortal (el de las expropiaciones) a los ojos de Reagan, quien ya hab√≠a hecho mancuerna con la inglesa Margaret Thatcher para consagrarse a su Revoluci√≥n conservadora.

Bao Dai
Bao Dai

A su proyecto contrarrevolucionario para Nicaragua, que implicaba el exterminio de los sandinistas, se prestaron los intereses anticomunistas internos que sonsacaron la deserción de Edén El comandante cero Pastora, quien, con dos mil 500 tropas, consumó la primera invasión desde Honduras. Hacia 1983, Reagan -de espaldas de El Capitolio y contra la repulsa de sus propios electores-  reconoció que había autorizado a la CIA operaciones encubiertas en respaldo a los nuevos rebeldes, a quienes consagró como combatientes de la libertad. Le importó un bledo que México, Colombia, Venezuela y Panamá se opusieran a sus planes de cara al riesgo de que la guerra se generalizara en toda América Central.

Tope en ello, en noviembre de 1984 el FSLN fue legitimado en las urnas por el 67 por ciento de los participantes en las elecciones. Reelecto a su vez, Reagan porfi√≥ en su ataque a Nicaragua y en abril de 1985 orden√≥ el bloqueo comercial contra el pa√≠s y el embargo de propiedades en el exterior. En 1986 la Asamblea Nacional nicarag√ľense promulg√≥ una nueva Constituci√≥n, estableciendo el r√©gimen presidencialista y ampliando el mandato presidencial a seis a√Īos. De nada vali√≥ al sandinismo formar la Comisi√≥n Nacional de Reconciliaci√≥n, ni los esfuerzos pacificadores del Grupo Contadora. La oposici√≥n, ahora personalizada en la figura de Fernando Chamorro, cont√≥ con el apoyo gringo para consolidar org√°nicamente la contra. Y aqu√≠ empieza una nueva perversa historia: La droga como pol√≠tica de Estado.

El affaire de la operación Irán-Contra

‚ÄúExiste una mafia militar de neta ideolog√≠a fascista que avanza sobre el poder y de la cual Oliver North es uno de sus exponentes m√°s destacados‚ÄĚ, escribi√≥ en su oportunidad el director del Instituto de Estudios Pol√≠ticos de los Estados Unidos, Sa√ļl Landau.

El Oliver North que nombra el académico citado, era el jefe de la Oficina de Asuntos Militares del Campo Nacional de Seguridad (USA), cuando fue designado por Ronald Reagan para dirigir la operación Irán-Contra, popularizada por los medios estadunidenses como el Irángate. Tuvo como segundo deabordo a John Poindexter.

John F. Kennedy.
John F. Kennedy.

En audiencia en El Capitolio, y a pregunta expresa del senador dem√≥crata John Kerry, el narcotraficante Roberto Mill√°n Rodr√≠guez, respondi√≥ que dinero procedente del narcotr√°fico fue usado por los contras nicarag√ľenses. De ese expediente surge el dato -revelado por Eugene Hasenfus- de que pilotos de la compa√Ī√≠a Southern Air serv√≠an a la CIA como mulas en las operaciones de apoyo a la contra. Una nave de esa empresa fue derribado por fuego antia√©reo de los sandinistas.

Tambi√©n ante comisiones del Congreso estadunidense, otro narcotraficante, Julio Morales, confes√≥ que aerotransportaba armas para la contra desde Costa Rica, donde las recib√≠a del agente de la CIA John Hull. Los aviones regresaban a los Estados Unidos cargados con toneladas de droga. Otros personajes nombrados por Morales fueron Adolfo Chamorro y Octaviano C√©sar, identificados como agentes de la CIA. Mill√°n Rodr√≠guez y Morales eran pilotos. En la documentaci√≥n puesta en manos del senador Kerry se se√Īala a otros doce individuos, entre los que se menciona a Jack Terrel, con vinculaciones con la CIA.

Por dichos expedientes se sabe el general Richard Secord, de los hombres de North y Poindexter, dispuso de al menos 100 mil d√≥lares para tratar de bloquear una investigaci√≥n del Departamento de Justicia (USA) sobre la actividad de los narcotraficantes. Secord fue identificado en 1983 como participante en una red secreta norteamericana-israel√≠ que transportaba armas adquiridas en Polonia y Checoslovaquia hasta los cielos de El Salvador y Costa Rica, donde las arrojaban en paraca√≠das. El gobierno de Australia¬† puso el dedo contra Richard Secord, ante el Congreso norteamericano, junto con otros tres agentes de la CIA (Tom Clines, Theodore Schakley y Rafael Quintero) como responsables del suministro de droga a los soldados norteamericanos en el sudeste asi√°tico en los a√Īos de 1965 a 1973.

La cadena televisora ABC difundió que los embarques de armas desde Polonia y Checoslovaquia eran pagados con dinero trasegado de fondos gubernamentales. Se documentó una partida de 20 millones de dólares. A lo largo de investigaciones periodísticas se dio a conocer que el jefe de las Fuerzas Armadas de Honduras, Humberto Regalado actuaba también como operador de la CIA en la operación comentada. (Los bárbaros del norte/ la contra mexicana, Abraham García Ibarra, 1988.)

Fe bautismal del Cartel de Medellín

Por primera vez aparece tambi√©n implicado el C√°rtel de Medell√≠n, de Colombia. En su nombre, Ram√≥n Matta Ballesteros, seg√ļn su propio testimonio, movi√≥ al menos una partida de 10 millones de d√≥lares para financiar la operaci√≥n. A partir de entonces a Medell√≠n se agregar√≠an los c√°rteles de Cali y del Valle. Obviamente, de esa colaboraci√≥n de los c√°rteles colombianos con la pol√≠tica reaganiana les vino un status de institucionalidad que les permiti√≥ el libre¬† acceso a√©reo al √°vido mercado de consumo norteamericano y el enorme auge econ√≥mico que en ese periodo alcanz√≥ Colombia, desplazando a M√©xico como primer proveedor de mariguana a¬† los Estados Unidos, posici√≥n que rescat√≥ nuestro pa√≠s a mediados de la d√©cada de los noventa, pero su competidor se compens√≥ con el apogeo de la coca√≠na. Y aparecieron las leyendas: Pablo Escobar Gaviria, Gonzalo Rodr√≠guez Gacha, Gilberto y Miguel Rodr√≠guez Orejuela; Jorge, Juan David y Fabio Ochoa V√°squez, Carlos Lehder Rivas.

Lyndon B. Johnson
Lyndon B. Johnson

El ambiente se vio enrarecido por la implicaci√≥n de la guerrilla y la aparici√≥n de las primeras bandas paramilitares que inundaron de sangre el territorio colombiano; tanta, como la inundaci√≥n de d√≥lares que circularon por las venas de nuevos proyectos de inversi√≥n, algunos francamente extravagantes, no s√≥lo en los sectores econ√≥micos, sino en la pol√≠tica electoral. Cu√©ntase que, en auditor√≠a practicada a las empresas de los hermanos Rodr√≠guez Orejuela, se descubri√≥ que realizaron unas seis mil 400 operaciones bancarias para financiar la campa√Īa electoral de 1994, con una suma superior a los tres mil millones de d√≥lares. Uno de los favorecidos ser√≠a el candidato presidencial¬† Ernesto Samper. Despu√©s, como resultado del llamado Proceso 8000 el n√ļmero de operaciones computadas fue 40 mil transacciones con aquel fin.

En un c√°lculo conservador, se estima que la violencia en Colombia, derivada de movimientos guerrilleros y de ajustes de cuentas entre los c√°rteles de la droga, ha costado el pa√≠s m√°s de 60 mil vidas en el √ļltimo medio siglo. El dato queda a√ļn por debajo de la estad√≠stica de la guerra narca en M√©xico en los √ļltimos seis a√Īos.

El Plan Colombia y el viento a Ju√°rez

Vendr√≠a entonces el impuesto Plan Colombia con el que la Casa Blanca pretendi√≥ lavar sus culpas. Al final del d√≠a, seg√ļn lo documentan con estricto rigor documental Adolfo Le√≥n Atehonda Cruz y Diana Marcela Rojas Rivera (El narcotr√°fico en Colombia: Pioneros y capos) ‚Äúlas organizaciones criminales sorprenden por su capacidad de reproducci√≥n, por la innovaci√≥n permanente de sus m√©todos para acumular capital y defender sus intereses.

Pablo Escobar Gaviria
Pablo Escobar Gaviria

Los narcotraficantes colombianos no son la excepci√≥n. En las √ļltimas tres d√©cadas, el tr√°fico il√≠cito de drogas en Colombia ha sabido soportar las acciones de represi√≥n del Estado y adapatarse a los avatares del mercado internacional, as√≠ como a las distintas estrategias antinarc√≥ticos aplicadas por los Estados Unidos en la regi√≥n andina. De la misma manera, sus protagonistas han hecho alianzas, coaliciones y desatado guerras frente a m√ļltiples actores concurrentes, dom√©sticos y externos, en la lucha por el control de esa industria. La historia contin√ļa‚ÄĚ.

Operación Libertad duradera en Afganistán

George Bush padre, como director de la CIA y como vicepresidente de los Estados Unidos con Ronald Reagan, fue protagonista de la operación Irán-Contra. Su hijo El renacido no quiso ser menos que el padre. So capa de castigar los atentados del S11 dispuso la operación Libertad duradera sobre territorio de Afganistán.

Itinerario6

Con independencia de los intereses geoestrat√©gicos relacionados con el potencial energ√©tico de aquella regi√≥n, el dato m√°s recurrente de los resultados de dicha operaci√≥n, seg√ļn lo documentan los medios de los propios Estados Unidos, es que con la presencia de los ej√©rcitos aliados, Afganist√°n ha recuperado el liderato en la producci√≥n y tr√°fico de opio y sus derivados (hero√≠na y morfina), que hab√≠a perdido durante la gesti√≥n gubernamental de los talibanes. Barack Obama procesa el retiro de las tropas gringas de aquel pa√≠s. Tira el agua sucia con todo y ni√Īo.

Tanta sangre, ¬Ņpara qu√©?

Como es ya del dominio p√ļblico, los excedentes del narco sirven para todo: Principalmente para el salvataje de un sistema bancario mundial llevado deliberadamente a la quiebra por sus detentadores. Dec√≠a Marx que la religi√≥n es el opio de los pueblos. El revire ret√≥rico es que, en la era de la globalizaci√≥n, el opio (la coca, la mariguana, etc√©tera) es la religi√≥n del sistema capitalista y de su predicador los Estados Unidos, donde el falso puritanismo envilece a su sociedad y exporta muerte a la cuatro rosa de los vientos.

Del recuento aquí resumido, apenas queda espacio para la moraleja. Buscar legitimidad de gestión cuando no se tiene la legalidad electoral plena, desatando irreflexivamente una guerra no deseada por los mexicanos antes de que fuera declarada y durante su sanguinario desarrollo, más que un crimen, es una monstruosa estupidez.

 



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