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La crisis de representatividad de la clase política
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Edición 312



 

La crisis de representatividad 

de la clase política


LA INSANA AMBICI√ďN de la clase pol√≠tica de aferrarse a privilegios que, sin duda, ri√Īen con la √©tica, extravi√≥ el ansiado tr√°nsito del pa√≠s hacia la democracia en un laberinto de mara√Īas y simulaciones por donde la confabulaci√≥n despoj√≥ a la sociedad de su derecho a conducir las elecciones para democratizarlas.



Se quedó en ilusiones.


CUANDO LA SOCIEDAD apenas diger√≠a la ca√≠da del PRI en 2000 e imaginaba un horizonte distinto al atroz paso de la dictadura perfecta del priato trasnochado, los pol√≠ticos de siempre aterrizaron la partidocracia que, seg√ļn confirma la historia, mediatiza y somete la voluntad ciudadana a los intereses particulares de las c√ļpulas, en un claro fen√≥meno antidemocr√°tico.

El poder ciudadano hab√≠a dado con sus luchas de muchos a√Īos, sus demandas y sus votos un cambio radical al pa√≠s con la transici√≥n que instal√≥ en Los Pinos a los incr√©dulos Vicente Fox y el Partido Acci√≥n Nacional, con un enorme bono democr√°tico √ļtil para transformar a las instituciones y la desgastada y da√Īina forma de hacer pol√≠tica.

Mas para desgracia y desilusi√≥n de los millones de personas que so√Īaron con un gobierno distinto a las pesadillas sexenales del PRI, la clase pol√≠tica fall√≥ a las expectativas y, tal vez por sobrevivir a la √©poca, termin√≥ por desandar aquel anhelado y fatigoso camino a la democracia y, con un zarpazo,¬†dio con el control de todo: el poder, las elecciones, las candidaturas, las curules, los dineros p√ļblicos, las marruller√≠as y todo el monopolio, inclusive el de la corrupci√≥n que se ha vuelto, para identificarla entre las clases mexicanas, su √≠cono en el mundo. Es decir: clase pol√≠tica=corrupci√≥n.



Carlos Romero Deschamps


A nadie entonces debe extra√Īar que la ciudadan√≠a mexicana, despu√©s de trece a√Īos de simulacros en las urnas perpetrados por la hipocres√≠a de los partidos, se haya vuelto entre todos los pa√≠ses de Iberoam√©rica en la m√°s insatisfecha con el funcionamiento de la democracia.

De acuerdo con los indicadores del denominado Latinobar√≥metro, s√≥lo 37 por ciento de los mexicanos piensa que la democracia es preferible a cualquier otra forma de gobierno, contra la estad√≠stica de 62 por ciento encuestada en 2002.¬†Para colmo, menos de 20 por ciento cree que el pa√≠s es gobernado para beneficio de todos. Y, como redondeo a la calamidad, s√≥lo 46 por ciento aprueba al Presidente de la Rep√ļblica.

Sale a la luz tambi√©n la inconformidad con la situaci√≥n econ√≥mica: La encuesta arroj√≥ que 63 por ciento de los consultados confes√≥ que, en los √ļltimos doce meses, ha tenido problemas para pagar servicios como agua y luz, aun antes de la gravosa reforma fiscal que traer√° m√°s ruina a la vapuleada econom√≠a nacional.



Ejercer venganza en vez de aplicar justicia


La onerosa clase pol√≠tica enraizada al erario y proclive a mantener la corrupci√≥n en todos los niveles de gobierno, hasta contaminar a las bajas burocracias que por todo exigen mordidas o de plano extorsionan con cinismo, con el ejemplo de la escuela de sus jefes, cerr√≥ las puertas a la ciudadan√≠a en la toma de decisiones y dispuso que todo continuara igual como en el priato: con manejos oscuros y desaseados sobre los dineros p√ļblicos, sin transparencia ni rendici√≥n de cuentas, con la proclama de leyes a modo para evadirlas o violarlas, o usarlas en su provecho o torcerlas contra el enemigo.

Esos mismos partidos han llevado a las c√°maras de Diputados y Senadores y a gubernaturas y alcald√≠as y presidencias, as√≠ como a puestos p√ļblicos del Ejecutivo, a individuos corruptos (¬Ņverdad, Romero Deschamps, Granier, Moreira, Gordillo, Montiel, Reinoso, Salinas, Alem√°n, etc√©tera?), que saquean con impunidad las arcas del gobierno e, insaciables en su hambre de dinero mal habido, atracan a ciudadanos y empresarios con la aplicaci√≥n arbitraria de leyes o los obligan a darles porcentajes de los montos de las obras a condici√≥n de otorgarles los contratos.

Aqu√≠ ning√ļn partido se salva: Todos conocen, fomentan y toleran la corrupci√≥n en sus gobiernos. O digan, para desmentir, a qui√©n han puesto tras las rejas, como les reclama la ciudadan√≠a, a excepci√≥n de algunas venganzas pol√≠ticas contra descarriados p√≠caros redomados como Grani√©res, Durazos. D√≠az Serranos, Gordillos, Se√Īores de las Ligas, y nada m√°s.

La sociedad duda que con la cacareada reforma pol√≠tica a punto de ventilarse en la legislatura para su an√°lisis y aprobaci√≥n, la clase pol√≠tica o, como dir√≠an los marxistas de viejo cu√Īo, la clase dominante, quiera ceder espacios que detenta con simulaci√≥n como decirse representante de la ciudadan√≠a, cuando a la hora de la verdad s√≥lo opone sus intereses particulares o de los grup√ļsculos que manejan como suyos a los partidos y su bot√≠n que les da el Instituto Federal Electoral para derrocharlo (o rob√°rselo), incluso en actividades o compras ajenas a su destino legal.



Humilde regalo del líder petrolero a su junior.


La teoría clásica establece que si la participación popular en las tareas de interés general es mayor, el Estado es más democrático. Pero si es inferior, es menos democrático y tiende a parecerse a la autocracia.

Seg√ļn un informe de la ONU, s√≥lo 82 de 200 Estados del mundo ten√≠an hacia 2002 un sistema democr√°tico que garantizaba los derechos humanos, la educaci√≥n, la libertad de prensa y un aparato de justicia independiente. Muchos de los 140 Estados que realizaban ‚Äúelecciones pluralistas‚ÄĚ -agregaba el documento- impon√≠an limitaciones a las libertades civiles y pol√≠ticas de sus pueblos. ¬ŅD√≥nde se ubica M√©xico?

La mediocridad y las ambiciones desmedidas de la clase pol√≠tica enquistada en los partidos trajeron la crisis de representatividad y, como podemos verla a diario, abarca a los partidos y a todos los poderes p√ļblicos, desde el Legislativo al Ejecutivo, pasando por el Judicial, que han perdido credibilidad; pero nadie quiere cambiar.

Si desearan por una vez salirse de la farsa donde act√ļan, los pol√≠ticos deber√≠an saber, antes de aprobar su en√©sima¬†reforma pol√≠tica en los a√Īos recientes,¬†que habr√° una aproximaci√≥n a la democracia cuando exista una participaci√≥n igualitaria de la¬†sociedad.



Montesquieu (1689-1755).


Sepan que cuando se suplanta el interés general por el particular de los gobernantes, la democracia (si la hubiere) degenera en demagogia. O para decirlo con palabras de Montesquieu, cuando una democracia está dirigida por personas mediocres, el peligro de que degenere en demagogia es inminente.

Alguien podr√≠a refutar que el pa√≠s seguir√≠a a salvo de la demagogia mientras adoleciera (como hoy) de democracia, con una clase pol√≠tica c√≠nica que, due√Īa absoluta de los partidos, bloquea a la ciudadan√≠a y acapara con deshonestidad las posiciones pol√≠ticas remuneradas con sueldos de esc√°ndalo, las monta√Īas de dineros de los impuestos v√≠a subsidios o prerrogativas del IFE que se esfuman entre sus intereses personales y a nadie rinden cuentas, usurpa las decisiones de la sociedad y cierra la puerta a la democratizaci√≥n del pa√≠s.

La clase pol√≠tica aprender√≠a de los cl√°sicos si, por ejemplo, escuchara decir a Ciro El Grande, el fundador del Imperio Persa, citado por Plutarco, su frase de que ‚Äúno conviene que gobierne a nadie aqu√©l que no es mejor que los gobernados‚ÄĚ.

Entonces, con este consejo milenario la inepta clase pol√≠tica gobernante (atrincherada en el PRI, PAN y PRD y en sus costosos e in√ļtiles sat√©lites PVEM, Panal, PT y Movimiento Ciudadano, responsable con sus errores y omisiones de las crisis pol√≠tica, econ√≥mica y social del pa√≠s), estar√≠a condenada a calentar la banca y dar√≠a su espacio y derecho a la ciudadan√≠a hasta que su r√ļstica politiquer√≠a¬†mejorara o supiera algo de oficio pol√≠tico m√°s all√° de la simulaci√≥n‚Ķ

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